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26/10/2008
LA TASQUITA DE NINO
Historia de la tasquita
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Nos encontramos en una casa tradicional canaria de finales de siglo XVIII. Antiguamente fue un estanco de tabaco y oficina de correos; según nos cuentan los vecinos más viejos, aquí llegaban burros cargados con el tabaco y a su vez con al correspondencia, por este motivo esta calle se llama Estanco.
Posteriormente pasó a ser cantina, donde los vecinos del lugar venían a jugar a la baraja, a beber vino a granel y a echar una parranda de vez en cuando. Luego fue comprada por mis abuelos Pedro y Fefa como primera vivienda, aquí se criaron mis tíos Perico, Sito, Uche y mi madre Vira, también mi hermano Pedro y yo.
En la actualidad se ha acondicionado como tasquita canaria, con el fin de mostrar a la gente la cultura canaria en todos sus aspectos, tanto en lo gastronómico como en lo cultural. Intentamos respetar la decoración tanto interior como exterior para preservar nuestra identidad canaria de antaño.
Está ubicada en el casco histórico antiguo de San Miguel de Abona, donde antiguamente se concentraban la mayor parte de los comercios del pueblo, de hecho ya desaparecidos y relegados por la nueva carretera general.
Intentamos crear un ambiente familiar, si tiene cualquier pregunta, no dude consultarnos.

 

 

Niñez sanmiguelera
Infancia, allá en el pueblo,
Que el tiempo, distancia en mi memoria, ha deslustrado.
Estar con los muchachos, que por entonces eran
Esencia de los campos, estrofas de un poema inacabado...

 

Juguetes muy sencillo, primarios, tan sentidos,
Al ser por nuestras parcas manos fabricados,
Nadar en cenagosas charcas, descubrir los nidos,
Transcurso de hora lentas, gozar de un paraíso terminado.

 

Navegar sobre trillos las parvas de las eras,
Montar mansos camellos sobre silla;
Bailar los trompos, partidas de boliches en las aceras,
Hacer jaulas de caña; con carros de verguilla...
Trazar imaginarias carreteras.

 

Recuerdo Abril; al viento serpenteando cometas
Desde patios, tejados y azoteas
Jugar al escondite en cuevas o por oscuras grietas
Del cauce del barranco de mi Blanca Aldea.

 

También recuerdo, ajenos al peligro
Las guerras fraticidas con piedras y verodes
Y un ángel de la guarda para cada niño
Dispersando mil riesgos y temores.

 

La plaza de la iglesia...; laureles, campanario
Lugar de referencia de vidas iniciadas,
Pelota hecha de trapo, como buen precario
Jugar con pies descalzos, en tardes soleadas...

 

Aún oigo yo a mi madre, tras la merienda exigua,
Decirme con ternura no exenta de amenaza
Con cálidos matices, los de su voz antigua
¡al toque de oración, a las siete en punto, en casa!

Teofilo Bello

San Miguel de Abona






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